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Oca

Hay un dicho popular que afirma “Estúpida como una oca” en el momento en que una persona está dotada de escasa inteligencia. La comparación podría parecer justificada: la oca o bien ganso (Anser anser domesticus), con su caminar bamboleante, su propio cua-cua y su aire distraído, semeja el vivo retrato de la estupidez.

Y no es cierto. Pocos lo saben, mas esta simpática ave palmípeda ha probado ser realmente inteligente, prudente y capaz de distinguir y eludir los riesgos. Además de esto, se habitúa al hombre y es simple de adiestrar.

Mas todavía hay más. ¿Tu cánido guardián no cumple con su deber? Te recomiendo que pongas una oca en su sitio. No, no temas. La oca tiene un olfato digno del mejor sabueso y, como afirmó Plinio el Viejo, gran naturalista de la vieja Roma, “cuando los perros duermen, la oca todavía vigila”.

Y puesto que charlamos de ocas guardianas, no podemos dejar de rememorar el conocido episodio de las que evitaron el ataque nocturno de los galos al Capitolio, dando la alarma y despertando de este modo a toda la urbe.
Otro ejemplo es el de los ingleses, que lo tuvieron presente a lo largo de la última guerra, cuando en determinadas avanzadas fortificadas en Oriente las emplearon como… timbres de alarma.

Las ocas, sin embargo, son criadas por motivos considerablemente más prácticos, o sea, por la carne, las plumas, los huevos y el hígado, del que se consigue ese manjar afirmaría que deseado y conocido por todos con un nombre francés: el paté.

Si has tenido ocasión de ir al campo en alguna casa de labranza que tuviese animales de corral, si había ocas, probablemente te habrías dado cuenta de que al caminar en conjunto siempre y en toda circunstancia lo hacen en una chistosa fila.

Hay múltiples razas de ocas, mas las más populares son la oca salvaje, gran voladora, que al mudar las estaciones emigra de las zonas frías a las cálidas, y a la inversa. Y la oca común, de plumaje gris o bien blanco.

Las ocas reciben asimismo el nombre de gansos. Estas aves, en sus migraciones, recorren volando miles y miles de quilómetros. Y no se deben confundir con los patos, que si bien tienen ciertas semejanzas físicas y asimismo son palmípedos, nos son exactamente el mismo animal.

El récord de peso corresponde a una raza francesa, la oca de Tolosa: tiene un metro de longitud, puede pesar hasta quince kilogramos y pone unos cincuenta huevos por año, que alcanzan en ciertos casos doscientos gramos. ¿Te imaginas qué tortillas se podrían hacer?

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